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Las preguntas que nos gustaría que nos hicieran

El sector de automatización con IA creció más rápido que los criterios para evaluarlo. Siete preguntas para separar a un proveedor serio de uno que vende humo, incluidos nosotros.

Katalis5 min de lectura
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El sector de automatización con IA creció mucho más rápido que los criterios para evaluarlo. Hoy cualquiera puede montar un servicio encima de una API pública y venderlo como agente inteligente, y desde afuera es genuinamente difícil distinguir una implementación seria de un chatbot con mejor redacción.

Estas son las preguntas que haríamos si estuviéramos del otro lado de la mesa. Aplícalas a cualquier proveedor que estés evaluando, incluidos nosotros.

¿Qué pasa cuando el agente no sabe la respuesta?

Es la más reveladora de todas y la que menos aparece en las demostraciones. Un agente que improvisa cuando ignora algo es peor que no tener agente, porque le entrega información falsa a tus clientes con el tono seguro de quien sí sabe, y el cliente no tiene forma de distinguir una de otra.

Lo que deberías escuchar es una explicación de cómo el sistema detecta que está fuera de su alcance y cómo escala a una persona, con el contexto de la conversación incluido. Y después deberías pedir verlo en vivo. La bandera roja aquí no es una mala respuesta, sino que te la cuenten sin mostrártela: pide ver el fallo, no el caso ideal, porque cualquiera puede enseñar una conversación que sale bien.

¿A qué sistemas se conecta exactamente, y cómo?

La diferencia entre un agente y un chatbot es que el agente consulta datos reales. Si no se conecta a tu agenda, a tu inventario o a tu CRM, lo único que puede hacer es recitar textos que alguien escribió antes.

“Se conecta a Google Calendar vía API” es una respuesta; “se integra con todo” no lo es. La vaguedad en este punto normalmente significa que la integración no existe todavía y que la van a improvisar después de que firmes.

¿De quién son los datos y las conversaciones?

El historial de conversaciones con tus clientes es información de negocio valiosa, y además contiene datos personales de terceros que tú tienes la obligación legal de proteger. En Colombia aplica la Ley 1581 de 2012.

Deberías obtener respuesta clara a cuatro cosas: que los datos son tuyos, dónde se almacenan, por cuánto tiempo, y cómo los exportas si te vas. Si esa respuesta tarda o requiere consultar con alguien, ya sabes bastante: un proveedor serio la tiene lista porque se la han hecho antes.

¿Qué pasa si mañana dejo de trabajar con ustedes?

Esta es la pregunta que más incomoda y la que más te conviene hacer, porque define si compraste una solución o alquilaste una dependencia. Lo que deberías escuchar es qué se queda contigo —flujos documentados, datos exportables, integraciones que siguen funcionando— y qué se apaga.

Si todo se apaga, el proveedor tiene tu operación de rehén, y eso cambia silenciosamente la negociación de cada renovación durante los próximos años.

¿Cómo mido si está funcionando?

Sin métricas acordadas de antemano, la conversación de los tres meses sobre si valió la pena es una discusión de impresiones, y la gana quien hable más fuerte.

Deberías escuchar métricas concretas —tiempo de respuesta, porcentaje de conversaciones resueltas sin humano, tasa de conversión a cita, inasistencias— y un compromiso de medir el estado actual antes de implementar nada. La bandera roja es que no propongan medir el antes, porque sin línea base cualquier número posterior es ruido presentado como resultado.

¿Cuánto cuesta mantenerlo, no solo montarlo?

El precio de implementación es lo que se negocia, pero el costo de operación es lo que pagas para siempre, y es donde suelen esconderse las sorpresas.

Pregunta específicamente por el costo mensual de la plataforma, el costo de los modelos de IA según volumen de conversaciones, quién paga los ajustes cuando cambie tu operación, y qué pasa si tu volumen se duplica. Un precio único sin desglose casi siempre significa que hay costos variables que van a aparecer más adelante.

¿Pueden mostrarme casos parecidos al mío?

La implementación en una clínica no se parece a la de una inmobiliaria, y la experiencia en tu sector reduce el tiempo de puesta en marcha y la cantidad de cosas que hay que descubrir sobre la marcha.

Aquí hay algo que nos aplica directamente, así que lo decimos de frente: si el proveedor es nuevo y no tiene casos, eso no lo descalifica. Lo que descalifica es que los invente. Katalis arrancó hace poco, y cuando alguien nos pregunta por casos la respuesta honesta es que todavía estamos construyéndolos, así que lo que podemos hacer en cambio es mostrar el producto funcionando. Un proveedor nuevo que dice eso de frente es una opción legítima; uno que habla en plural de clientes que no existen es un problema desde el primer día, y normalmente se nota en las cifras.

Tres señales adicionales

Desconfía de las promesas de porcentaje hechas antes del diagnóstico, porque nadie puede prometerte un aumento del 40% en ventas sin haber visto cómo funciona tu operación: un número ofrecido en la primera llamada es marketing, no estimación. Desconfía también de la presión por decidir rápido —cupos que se acaban hoy, descuentos que vencen mañana— porque un sistema que va a operar durante años no se decide en veinticuatro horas, y quien te apura sabe que si te tomas tiempo vas a comparar. Y desconfía del proveedor que nunca te dice que no: si preguntas por algo que no tiene sentido automatizar en tu caso y la respuesta es que sí a todo, no está evaluando tu negocio.

Antes de la primera reunión

Llegar con cinco datos hace que la conversación valga mucho más: cuántos mensajes de clientes recibes al mes, cuánto tardas en promedio en responder el primero, qué porcentaje llega fuera de tu horario, cuál es tu ticket promedio y tu tasa de cierre, y qué sistemas usas hoy. Si no los tienes, medirlos durante dos semanas es el mejor trabajo previo posible, y sirve sin importar a quién termines contratando, incluso si terminas no contratando a nadie.

De las siete preguntas, la que a nosotros nos define el negocio es la cuarta. Katalis viene de catalizador: un catalizador dispara un cambio que después sigue por su cuenta, y si al terminar un proyecto el cliente no puede sostenerlo sin nosotros, no hicimos bien el trabajo.


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Dirección técnica, Katalis

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